La D

A veces parece que el tiempo pasa sin pasar en realidad,
esto es, que pasa sin que haya cambios,
cambios reales donde quisieramos que hubieran,
como una suerte de insulsa eternidad,
desierto que se extiende bajo el cielo infinito de la noche,
oceano inalcanzable que nos separa de la isla de nuestras esperanzas
y otras veces nos engaña, Fata morgana de la monotonía.
En momentos me siento igualmente confundida que orgullosa,
en medio del espejismode mi desierto
me pregunto si podré oponerme a toda esta ignorancia que tratan de imponernos, que suele acompañarnos y asediarnos, que nos ahoga.
A veces no sé si podré resistir mientras el tiempo pasa
y trato de cambiar las cosas,
o mientras las cosas cambian para mí.
No puedo evitar sentirme triste y desafortunada,
apuntando a un propósito que está pensando en otros,
mientras tanto me pregunto donde quedo yo,  los míos;
pero debe ser que no me alcanzo a imaginar la carencia en medio de la escasez,
porque de esta en medio de la abundancia si que conozco...
no hay cuidado, sigo, sigo en la espera.

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