Ellas, ¿o ellos?

En la esquina oscura de un bar de mala muerte,
él gozó de sus favores,
pagó mal,
y la golpeó,
Anabel se fue triste,
llorando de rabia,
a su mísera choza
por las calles desiertas,
del maldito pueblo,
en que el destino, decía ella, le retenía.

Roxana, en cambio
se subió al carro de lujo,
sin saber si reía
para que se viera
el diseño de sonrisa,
o por las teticas nuevas
Él la recibió,
con whisky, vodka y coca,
y la llevó discretamente
hacía el palacio del horror,
estuvo prisionera,
por la vanidad y el lujo
que su nocturna
vida secreta,
le proporcionaba.

Ella, dulce Margarita,
fue al altar alegremente,
con un hombre muy digno,
que hacia,
lo que su padre le decía,
ella siempre estaba disponible
y no escogía el horario,
servía noche y día,
a quien todo le debía,
tiernamente,
ató su destino a una promesa,
de ser amada hasta la muerte.

De putas a putas,
digo yo,
todos vendemos la vida por algo,
miedo,
dinero,
amor,
o por la misma vida,
lo mismo da,
aunque no parece ser tan humillante
prostituirse por amor,
pero el anillo no te salva.

Menos mal de amor nadie se muere
y el tiempo acaba con todo.
Menos mal!

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