Camino II

a D.

Te escribo a ti,
por primera vez, -creo-
porque estamos tan solos,
o porque yo lo estoy.

Hoy que te vi,
abrazando aquella muchacha,
recuerdo,
que nacimos en medio del conflicto,
y de las raíces del caos bebimos,
que luchamos -abrazados- en el fondo de un pozo sin luz,
y que hoy no sé cuanto hemos cavado,
ni que tan lejos está la salida,
ni tú de mí;
exagero, lo sé.
Tal vez no,
me dices,
y yo te escucho,
porque eres tan sabio,
como bello,
y lejano.

Yo te seguí un día,
y hoy no recuerdo cuando dejé de hacerlo,
-pero sólo hasta ayer me he dado cuenta-
mi ángel popular y solitario,
que sé yo,
si no se nada de ti,
sólo que sin ti me hubiera muerto,
de tristeza y desilusión,
tal vez de hambre o de miedo,
allá en los años que ya no recuerdo,
pero que me siguen como una sombra,
o como una maldición.

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